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Virgen del Carmen

 

 

La Devoción Mariana

Una de las notas características de nuestra espiritualidad del Carmelo es la presencia de la Virgen María en nuestra vida, la comunión con su persona y la imitación de sus virtudes, entendiendo de esta manera que  El Carmelo “todo de María”.

La presencia de la Virgen en nuestras comunidades acrecienta el sentido de “familia”, por la constante y común referencia a la Virgen como presencia materna en medio de sus hijos e hijas; la dedicación a su amor y a su culto, como especial consagración, determina la intensidad del culto mariano, dentro de la más pura tradición litúrgica y espiritual de la Iglesia, renovada actualmente por las orientaciones del Concilio Vaticano II.

La consagración religiosa y la vida cristiana vivida en el Carmelo tienen como meta, según la espiritualidad de la Orden, la perfección de la caridad, del amor a Dios y del prójimo; la tensión hacia la santidad que caracteriza nuestra vida tiene en la Virgen María no sólo el modelo más alto sino también la compañía más eficaz; nuestra vida consagrada al servicio de Cristo y de la Iglesia tiene en el amor a la Virgen su ejemplo más aleccionador; además, la doctrina y la experiencia espiritual de nuestros Santos, indican que María es la Madre que acompaña nuestro camino de vida espiritual para que lleguemos, de su mano, “hasta la cima el Monte de la perfección que es Cristo”.

En los orígenes

El lugar: “Una capilla en honor de la Virgen María en el Monte Carmelo”
Un anónimo peregrino de principios del siglo XIII nos ofrece, en un documento sobre los caminos y peregrinaciones de la Tierra Santa, el primer testimonio histórico mariano acerca de la Orden. Nos habla de una “muy bella y pequeña Iglesia de nuestra Señora que los ermitaños latinos, llamados “Hermanos del Carmelo” tenían en el Wadi ‘ain es-Siah. Otra redacción del mismo manuscrito habla de una Iglesia de nuestra Señora.

Posteriormente el título de la Virgen María se le dará a todo el Monasterio, cuando se amplíe notablemente la primitiva capilla, como consta en varios documentos antiguos (cfr. Bullarium Carmelitanum, I, pp. 4 y 28). Este dato primordial de la capilla del Monte Carmelo dedicada a la Madre de Dios es significativo y prácticamente es el hecho del que se desprende la más antigua devoción de los Carmelitas a la Virgen. Desde el principio de su fundación los Carmelitas han erigido una pequeña capilla dedicada a la Virgen Madre de Dios en su misma tierra de Israel. Suponemos que esta capilla estaba presidida por una imagen de la Madre de Dios. La tradición antigua de la Orden nos ha transmitido algunas imágenes antiguas, de inspiración oriental. Entre ellas algunas del tipo de la Virgen de la ternura o de la Virgen sentada en un trono con su Hijo. Todo ello indica que los ermitaños del Monte Carmelo querían dedicarse por entero a vivir en obsequio de Jesucristo bajo la mirada amorosa de la Virgen Madre, y que ella presidió desde su misma cuna el nacimiento de una nueva experiencia eclesial. De aquí el hecho que se la reconozca como Patrona, según las palabras del General Pedro de Millaud al Rey de Inglaterra Eduardo I a propósito de la Virgen María “en cuya alabanza y gloria esta misma Orden fue fundada especialmente” (Cfr. Ibidem, 606-607). Una afirmación que la tradición posterior confirmara constantemente.

El título de los Carmelitas

“Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo”
Así aparece el título de la Orden en algunos documentos pontificios, con una referencia explícita a la Virgen María, como consta en la Bulla de Inocencio IV, Ex parte dilectorum (13-1-1252): “De parte de los amados hijos, los ermitaños hermanos de la Orden de Santa María del Monte Carmelo” (Analecta Ordinis Carmelitarum 2 (1911-1913) p.128). En un documento posterior (20-2-1233) Urbano IV (en la Bula Quoniam, ut ait) hace referencia al “Prior Provincial de la Orden de la Bienaventurada María del Monte Carmelo en Tierra Santa” y añade que en el Monte Carmelo está el lugar de origen de esta Orden donde se va a edificar un nuevo Monasterio en honor a Dios y “de la dicha Gloriosa Virgen su Patrona” (Bullarium Carmelitanum I, p.28).

Este nombre, “Hermanos” que es signo de familiaridad e intimidad con la Virgen, ha sido reconocido por la Iglesia, y será en adelante fuente de espiritualidad cuando los autores carmelitas posteriores hablen del “patronazgo de la Virgen” y de su cualidad de “Hermana” de los Carmelitas.

El escapulario

La historia y la espiritualidadmariana de la Orden, sobre todo durante los siglos XIV-XVI, se enriquecen de motivos devocionales. El Carmelo ha recogido la tradición que señala que el General de la Orden Simón Stock tuvo hacia el año 1251 una visión de la Virgen, cuando que se le aparece y hace entrega del hábito de la Orden.

La fecha del 16 de julio fue considerada como el día tradicional de la aparición de la Virgen a San Simón Stock; de esta forma el recuerdo de la protección de la Virgen se concentró en el agradecimiento particular por lo que constituía la suma y compendio del amor de la Virgen para los Carmelitas: el don del Santo Escapulario y sus privilegios.

La espiritualidad mariana en el Carmelo teresiano

Las Constituciones del los carmelitas descalzos presentan la lógica continuidad de la experiencia mariana del Carmelo en Santa Teresa y en San Juan de la Cruz con estas palabras: “Santa Teresa y San Juan de la Cruz, han reafirmado y renovado la piedad mariana del Carmelo”.

“FLOS CARMELI”
( La oración más antigua a la Virgen del Carmen)

Flos Carmeli, vitis florígera,
Splendor Coeli, Virgo puérpera,
Singuláris.
Mater mitis, sed viri néscia,
Carmelitis esto propitia,
Stella Maris.

“FLOR DEL CARMELO”
(En castellano)

Flor del Carmelo, viña florida,
Esplendor del Cielo, Virgen fecunda
y singular.
Madre dulce, intacta de mano de hombre,
a los Carmelitas se propicia,
Estrella del Mar.

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