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Período de la profesión simple o Teologado

 

 

Durante esta etapa, ultima del período de formación inicial, a los religiosos de votos temporales se les anima a desarrollar, profundizar y consolidar las bases de la vida religiosa y carmelitana de un modo práctico. Se les añade poco a poco en el ejercicio del apostolado de la Orden de modo que puedan llegar a su madurez humana y espiritual, necesaria para ser admitido a la profesión solemne. Conjuntamente se les da a las condiciones para una formación intelectual y práctica que la haga capaces para su vida de servicio carmelitano y eclesial (RI 210-11).

 

Formación Intelectual

Los estudiante comienza los estudios teológicos, indispensable para cualquier servicio apostólico. La formación intelectual se pone al servicio de la vida religiosa para ayudar al estudiante a vivir más profundamente, tanto en su aspecto de consagración a Dios, como en su dimensión de servicio eclesial. Además de los estudios académicos estos se complementa con un programa de estudios internos relacionados con elementos específicos de la vida y el carisma de la Orden y sobre la vida religiosa.

Formación Apostólica

El inicio al apostolado es gradual (NA 124). El formando de teología recibe la formación para el apostolado propio de la Orden y además de los distintos servicios que presta la orden en la Iglesia. A la vez que se va introduciendo en la pastoral especifica y preparándose mediante los ministerios de lectorado y acolitado, diácono, para alcanzar la disposición necesaria para recibir el ministerio sacerdotal.

Vida Espiritual

El religioso estudiante de teología motivado la comunidad formativa busca la madurez y la autonomía de la vida espiritual y la abnegación evangélica, alimentado por la amistad asidua a Cristo y a la Santísiía Virgen María a la luz de la doctrina y la espiritualidad de nuestros santos y el Magisterio de la Iglesia. Ocupa lugar central en la vida de todo religioso la vida sacramental, sobretodo, por medio de la Eucaristía y del sacramento de la Reconciliación, así como la vida de oración que se nutre por la liturgia de las horas y por la oración mental en el estilo teresiano.

La Vida Fraterna

Así como la vida espiritual, la vida de la comunidad y favorece el crecimiento humano-afectivo empujando a los religiosos a un constante proceso de auto-conocimiento y de madurez humana. Es la experiencia por excelencia de la solidaridad fraterna. El estilo de vida teresiano se nutre de los momentos de esparcimiento de los frailes, en el trabajo y el ejercicio de la corrección fraterna que estrechan los lazos de amistad entre los religiosos y solidifican el sentimiento de familia como el ideal propuesto por Santa Teresa.

 

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