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Origen

 

 

ERMITAÑOS DEL MONTE CARMELO Y EL PASO A EUROPA

Nuestros orígenes remotos vienen del bíblico Monte Carmelo, en la parte norte de Israel. Nuestros antepasados vivieron allí. La Orden del Carmen echó, pues, sus primeras raíces en Tierra Santa, cerca de Nazareth, la patria de Jesús.

Los primeros carmelitas llegaron como peregrinos en el Monte Carmelo para vivir una vida de oración y penitencia. Pueden haber sido cruzados que quería vivir su vida en la Palestina.
Ellos adoptaron un estilo de vida en soledad en el monte Carmelo, cerca de un manantial llamado Fuente de Elías. Estos primeros eremitas eran en su mayoría laicos (es decir, que no eran monjes o canónigos), que vivían una vida de pobreza evangélica, de penitencia y de oración como una forma de seguir a Cristo. Entre 1206 y 1214 San Alberto, Patriarca de Jerusalén, reunió a los ermitaños del Monte Carmelo en comunidad y a petición de éstos, les dio una regla de vida.

Desde el 1230 es la situación en Tierra Santa se hizo más precaria condición por la cual los ermitaños buscaron refugio en Europa. Hicieron fundaciones y comenzaron a adaptar su vida a este nuevo escenario. En 1247, el Papa Inocencio IV aprobó la forma de vida escrita por Alberto de Jerusalén así como algunas mitigaciones de la Regla del Carmelo para que se ajustase a su nueva situación. Esta es la regla que todos los carmelitas observamos hasta este día. Así fueron reconocidos como religiosos y se pusieron al servicio de la Iglesia como una de las Ordenes de los Frailes mendicantes.

La regla en sí es breve y muy bíblica. Es una exhortación a una vida en “obsequio de Jesucristo” meditando la ley del Señor día y noche, siendo revestido con la armadura espiritual, viviendo en comunión fraterna, unida en la celebración cotidiana de la Eucaristía. A través de una vida de trabajo en silencio y penitencia, arraigada en la fe, esperanza y amor, donde la voluntad de Dios es percibida a través del diálogo y servicio a los hermanos.

Es en esta época donde los Frailes Carmelitas comenzaron a recibir el orden sacerdotal. Desde que fueron los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo que se consideraban miembros de la Orden de María y llevaba una capa blanca en su honor y fueron conocidos como los hermanos blancos.

En 1452, los horizontes de la Orden se ampliaron gracias a la reforma de Prior General, el Beato Juan Soreth, obtenido el permiso del Papa para fundar conventos de monjas carmelitas y agregar a la Orden a los laicos como miembros de la Tercera Orden, hoy llamado Orden de Carmelitas Seglares.

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